El futuro es una relación

por sayra pinto

2 sep. 2026


Esta semana he estado pensando en Nepal, en las inundaciones repentinas en el Gran Cañón y en el cierre de un año durante el cual hemos estado tratando de identificar aliados de práctica que estén trabajando seriamente la pregunta de cómo las personas se vuelven capaces de otra forma de vida colectiva.

También he estado leyendo Imaginar lo posible: nuevas respuestas a los riesgos sistémicos, una exploración 2025–2045—, un informe del Accelerator for Systemic Risk Assessment, una iniciativa auspiciada por la United Nations Foundation.

Para quienes desean leerlo en español, hemos preparado una traducción informal al español del documento de ASRA, disponible aquí.

El informe parte de lo que denomina la policrisis: amenazas interconectadas para las personas, los ecosistemas y las instituciones, cuyos efectos se acumulan y se propagan en cascada a través de los sistemas. Sus autores utilizan un ejercicio de estudios de futuros para preguntarse qué tipos de respuestas podrían hacerse posibles a medida que los sistemas que nos rodean atraviesan una disrupción cada vez mayor. Lo que emergió fueron futuros caracterizados por una gobernanza local más fuerte, redes de base, responsabilidad ecológica, una participación más profunda, arreglos económicos alternativos y comunidades cada vez más capaces de sostenerse unas a otras durante las crisis.

Uno de los hallazgos más importantes aparece hacia el final. Los autores concluyen que nuestra capacidad para responder a las crisis sistémicas requiere, en última instancia, capacidades en las personas: paciencia, tiempo suficiente para atravesar el trauma, procesos de toma de decisiones profundamente participativos, compasión, honestidad, agencia, energía y resistencia.

Reconocí la pregunta de inmediato.

Durante varios años, el Futurismo Poético ha estado preguntando: ¿En qué tipo de personas debemos convertirnos para ser capaces del futuro que decimos querer?

Durante este último año, nuestro esfuerzo por identificar aliados de práctica sólidos ha confirmado repetidamente cuán central es esta pregunta. Hemos pasado buena parte del año tratando de identificar a personas que trabajan principalmente con comunidades blancas en torno a la cultura cívica, la cultura regenerativa, la vida democrática, la formación de comunidad y esfuerzos relacionados. Queríamos encontrar personas que ya estuvieran practicando las capacidades que creemos que este momento requiere y con quienes pudiéramos construir relaciones significativas a largo plazo.

Lo que encontramos ha sido poco sorprendente y, aun así, profundamente aleccionador.

Una y otra vez encontramos un lenguaje sofisticado sobre regeneración, pertenencia, reciprocidad, interdependencia, cuidado colectivo, sanación, democracia y relación, junto a comunidades cuyas relaciones reales seguían reproduciendo la supremacía blanca y el patriarcado.

El vocabulario había cambiado. Las prácticas habían cambiado. La estética de la comunidad muchas veces había cambiado. Las personas se sentaban en círculos, hablaban de reciprocidad, practicaban ceremonias, invocaban a sus ancestros, hablaban de su relación con la Tierra, utilizaban procesos de consenso y recurrían a tradiciones Indígenas y ecológicas. Sin embargo, cuando las relaciones reales quedaban bajo presión —cuando surgían cuestiones de raza, género, autoridad, responsabilidad, trabajo, conflicto, rendición de cuentas y pertenencia— la organización más profunda de la cultura dominante frecuentemente volvía a hacerse visible.

Esta experiencia me ha ayudado a comprender con mayor claridad una distinción que está adquiriendo cada vez más importancia dentro del Futurismo Poético: la diferencia entre la representación y la puesta en acto —entre performancey enactment.

La representación reproduce una forma. La puesta en acto reorganiza las relaciones que le dan sentido a esa forma.

Un círculo puede ser una forma. La gobernanza relacional es un arreglo real de autoridad y responsabilidad. La reciprocidad puede ser un valor. La reciprocidad se pone en acto a través de lo que realmente nos debemos unas personas a otras y de aquello que estamos dispuestas a cargar. La pertenencia puede nombrarse. La pertenencia se vuelve real cuando llega el conflicto y sigue estando disponible para aquellas personas cuya experiencia desafía la manera en que una comunidad se entiende a sí misma.

Una comunidad puede representar la descentralización mientras continúa organizándose alrededor de una autoridad carismática. Puede hablar de cuidado colectivo mientras las mujeres siguen cargando una proporción desmedida del trabajo relacional y comunitario. Puede invocar la sabiduría Indígena mientras las personas blancas continúan controlando las instituciones, la tierra, los recursos, la interpretación y la toma de decisiones.

En otras palabras, una coherencia dominante puede absorber prácticas radicalmente diferentes mientras preserva las relaciones de poder que la organizan.

Esta es una de las razones por las que desarrollé el concepto de Terraformación Colonial de la Coherencia. La conquista transformó mucho más que las instituciones políticas. Reorganizó la tierra, la autoridad, la memoria, la identidad, las relaciones, la economía, la legitimidad y nuestra propia comprensión de lo que constituye la realidad. A lo largo de los siglos, un arreglo históricamente particular de la vida humana llegó a presentarse como universal.

Esto importa enormemente cuando hablamos del futuro desde las Américas.

Las instituciones políticas y económicas dominantes a través de las cuales hoy se gobiernan las Américas son relativamente recientes aquí. Mucho antes de que existieran el Estado-nación, la corporación moderna, las instituciones multilaterales, los regímenes contemporáneos de propiedad o el sector sin fines de lucro, las Américas estaban habitadas por pueblos que sostenían sistemas complejos y duraderos de gobernanza, agricultura, diplomacia, responsabilidad colectiva, relación ecológica, derecho, ceremonia y autoridad política. Muchos de esos sistemas se desarrollaron a lo largo de siglos y milenios. Muchos siguen existiendo.

Por eso, nuestra trayectoria histórica es mucho más amplia que la historia de un viejo sistema que llega a una crisis y de una humanidad que ahora necesita inventar uno nuevo.

Vivimos en medio de las consecuencias de un orden político y cultural que intentó subordinar y reemplazar a muchos otros, mientras los pueblos que sostenían otros mundos políticos sobrevivieron.

Esto cambia el significado del futurismo.

Parte de lo que los movimientos contemporáneos de futuros y regeneración intentan ahora imaginar —gobernanza distribuida, responsabilidad colectiva, relación ecológica, pensamiento intergeneracional, autoridad sostenida localmente, relaciones entre la vida humana y la vida más-que-humana— tiene historias muy largas en las Américas. Son posibilidades para el futuro y herencias vivas sostenidas en el presente.

El propio informe de ASRA se acerca a este reconocimiento. Sus futuros centrados en la naturaleza imaginan conocimientos tradicionales, Pueblos Indígenas, ciencia ecológica, juventudes, consejos locales de la Tierra y representación de la vida no humana como parte de futuros sistemas de gobernanza.

El Futurismo Poético nos pide ir más allá.

La existencia continua de mundos políticos Indígenas demuestra que el sistema dominante representa una posibilidad política, en lugar de constituir el horizonte completo de la realidad política. Nuestra tarea, por lo tanto, va más allá de aprender formas Indígenas de ser e incorporar determinadas prácticas a comunidades regenerativas.

La emulación es una relación insuficiente.

Podemos estudiar la gobernanza Indígena, practicar ceremonias, aprender principios ecológicos, hablar de reciprocidad o tomar prestadas prácticas de toma colectiva de decisiones mientras dejamos fundamentalmente intacto el arreglo colonial.

La forma cambia. La relación permanece.

Desde 2019, For A Loving Future ha sostenido relaciones continuas tanto con el Movimiento Nacional de Tejedoras Mayas como con el Women’s Awareness Centre Nepal. Estas relaciones se han desarrollado a lo largo de años y a través de muchos tipos diferentes de trabajo, convirtiéndose en parte de la infraestructura relacional desde la cual entendemos la solidaridad, la autoridad, la obligación y nuestras responsabilidades a través de la distancia.

Nuestra relación con el Movimiento Nacional de Tejedoras Mayas nos pide volvernos cada vez más capaces de encontrarnos con otro mundo político como algo real. Nuestro propósito es volvernos capaces de sostener una relación política con las autoridades Mayas en cuanto autoridades Mayas: reconocer una autoridad que no creamos, aceptar que una relación puede generar obligaciones que no determinamos enteramente, comprender las historias que nos sitúan de maneras distintas, mover recursos a través de relaciones de confianza y permitir que una relación política sostenida transforme nuestra comprensión de la obligación, la solidaridad, la autoridad y nuestra propia práctica del poder.

Y luego está Nepal.

Cuando las inundaciones catastróficas golpearon Nepal la semana pasada, no tuvimos que inventar un sistema de solidaridad internacional. La relación ya existía. Sabíamos a quién llamar. Confiábamos en la evaluación de WACN sobre lo que estaba ocurriendo. Ellas tenían el conocimiento y la autoridad para determinar lo que necesitaban sus comunidades. Nuestra responsabilidad era responder, organizar a nuestra propia comunidad y mover recursos a través de una relación de confianza ya existente.

La relación se convirtió en infraestructura.

He estado sosteniendo esa experiencia junto a las devastadoras inundaciones repentinas que ocurrieron esta semana en el Gran Cañón. El 29 de agosto, importantes inundaciones atravesaron Bright Angel Canyon y la zona de Phantom Ranch, destruyendo casi todos los puentes peatonales sobre Bright Angel Creek y dañando senderos, servicios, instalaciones y otra infraestructura.

Pero el Gran Cañón es mucho más que un paisaje administrado por los Estados Unidos como parque nacional. Es, simultáneamente, parte de los territorios ancestrales y de las historias de Pueblos Indígenas cuyas relaciones con ese lugar anteceden por mucho a los Estados Unidos.

El mismo lugar existe, por lo tanto, dentro del imaginario administrativo relativamente reciente del Estado moderno y, simultáneamente, permanece dentro de relaciones, responsabilidades, historias y formas de comprender el lugar sostenidas a través de períodos de tiempo inmensamente más largos.

Esto importa cuando pensamos en la crisis sistémica.

La inundación está ocurriendo dentro de un parque nacional. También está ocurriendo dentro de un territorio ancestral Indígena.

Son descripciones distintas del mismo lugar, y cada una porta historias distintas de autoridad, relación, responsabilidad y tiempo.

Precisamente por esto creo que nuestra respuesta a la policrisis requiere una profundidad histórica mayor que simplemente imaginar qué sistema podría reemplazar al que está fallando. Ya existen otros mundos políticos. Ya existen otras relaciones con la tierra. Han sobrevivido otros arreglos de responsabilidad colectiva. La pregunta es si podemos reconocerlos como realidades políticas vivas en lugar de convertir elementos seleccionados de ellas en prácticas para nuestros propios proyectos regenerativos.

Los tipos de disrupción sistémica que el informe de ASRA nos pide imaginar ya forman parte del mundo que estamos habitando.

La pregunta más profunda es qué relaciones existirán cuando esas disrupciones lleguen.

Nuestro año de búsqueda de aliados de práctica ha aclarado por qué esto importa tanto. Necesitamos más que comunidades capaces de describir otro mundo. Necesitamos más que prácticas asociadas con otro mundo. Necesitamos más que instituciones que hayan cambiado su lenguaje.

Necesitamos procesos de formación humana mediante los cuales las personas se vuelvan capaces de relaciones que generen y sostengan un mundo diferente.

Sabremos que algo ha cambiado cuando la reciprocidad nos cueste algo y sigamos siendo recíprocos. Cuando la autoridad resida en un lugar que no controlamos y la reconozcamos. Cuando el conflicto racial desestabilice la manera en que una comunidad se entiende a sí misma y la pertenencia se expanda. Cuando los recursos se muevan de acuerdo con la relación y la responsabilidad. Cuando el trabajo cotidiano y poco visible de la vida colectiva sea compartido. Cuando las personas formadas dentro de la jerarquía se vuelvan capaces de ceder poder. Cuando las relaciones generen obligaciones que continúen después del encuentro, el taller, el retiro, la ceremonia o la crisis.

Esto es puesta en acto.

Y creo que este es uno de los lugares donde puedo ver, con una claridad cada vez mayor, la contribución que hace el Futurismo Poético.

Una gran parte del trabajo de futuros nos ayuda a imaginar otro mundo. Una gran parte del trabajo regenerativo nos ofrece prácticas mediante las cuales podemos experimentar aspectos de otro mundo.

El Futurismo Poético pregunta si nos estamos convirtiendo en personas capaces de poner en acto las relaciones a través de las cuales otro mundo se vuelve real.

Por eso decimos:

El futuro es una relación.


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