La vida que el Futurismo Poético intenta hacer posible

por sayra pinto

25 mayo 2026


Quiero continuar la reflexión sobre la modernidad, el imperio, las Américas, la Terrenalidad y la creación de coherencia volviendo hacia el tipo de vida que el Futurismo Poético intenta hacer posible.

En el centro de este trabajo hay un deseo simple pero exigente: que todas las personas puedan vivir vidas plenas, expresivas, consecuentes, creativas, alegres, bellas y responsables.

Queremos vidas llenas de propósito. Queremos vidas llenas de belleza. Queremos vidas llenas de relación, memoria, imaginación, descanso, creatividad, dignidad, protección, trabajo significativo, risa, aprendizaje, profundidad espiritual, sensualidad, gobernanza, amistad, amor y pertenencia. Queremos que las personas puedan crear, liderar, pensar, sentir, construir, hacer duelo, celebrar, discernir, reparar y participar en la formación de los mundos que las forman.

Queremos esto para l@s Terrenales.

Queremos esto para l@s no Terrenales.

Queremos esto para comunidades, instituciones, movimientos, familias, mayores, niñ@s, trabajador@s, artistas, organizador@s, servidor@s públic@s, maestr@s, sanador@s, tecnólog@s y todas las personas que intentan vivir con integridad bajo condiciones que no eligieron pero que siguen siendo responsables de transformar.

El Futurismo Poético no es un marco de culpa. No es un marco de pureza. No le pide a algunas personas que carguen la ruptura para siempre ni a otras que vivan en disculpa permanente. Pregunta qué tipos de relación, formación, gobernanza y responsabilidad hacen posible una vida plena sin requerir que alguien más absorba el costo oculto.

Esto también significa que el Futurismo Poético no nos pide desechar todo lo que ha llegado a través de la modernidad. La modernidad cargó contribuciones que no estamos dispuest@s a descartar: la educación pública, la investigación científica, la medicina, la literatura, la música, el cine, la aspiración democrática, el lenguaje de los derechos humanos, las bibliotecas públicas, las universidades, la organización laboral, los derechos de las personas con discapacidad, la lucha feminista, la visibilidad queer, los movimientos por los derechos civiles, la salud pública, el periodismo, las protecciones constitucionales, la experimentación artística, la imaginación tecnológica y formas de intercambio global. Muchas de estas fueron creadas, ampliadas o defendidas por personas que también estaban sobreviviendo la violencia de la modernidad. Muchas vinieron de quienes fueron excluid@s de las promesas de la modernidad y obligaron a esas promesas a volverse más reales. Desechar todo esto sería desechar memoria. Sería borrar el trabajo, la brillantez, el anhelo, la creatividad, la resistencia y la belleza de generaciones que hicieron vida dentro de condiciones que no eligieron.

Quiero ser clara aquí porque el sentimiento antimoderno también puede ser llevado por proyectos terribles. Movimientos autoritarios, etnonacionalistas, patriarcales, fundamentalistas y antidemocráticos muchas veces rechazan la modernidad para restaurar jerarquía, dominación, pureza, exclusión o control. Eso no es lo que está haciendo el Futurismo Poético. El trabajo no es volverse antimodern@. El trabajo es volvernos lo suficientemente coherentes para llevar adelante lo que da vida sin seguir desplazando consecuencia.

La tarea es decir la verdad sobre cómo se hizo la modernidad, qué costó, quién cargó ese costo y qué formas de vida, conocimiento, belleza y posibilidad todavía emergieron dentro de ella y en contra de ella.

Esto importa porque la modernidad muchas veces ha ofrecido plenitud a algunas personas desplazando consecuencia sobre otras. Ha hecho posible la comodidad a través de la extracción, la inocencia a través del aislamiento, el progreso a través del despojo y la libertad a través de la falta de libertad de otr@s. Les ha enseñado a muchas personas a confundir coherencia con distancia de la consecuencia.

El Futurismo Poético pide otro tipo de vida: una vida donde la alegría no requiera negación, la belleza no requiera extracción, la creatividad no requiera apropiación, el propósito no requiera dominación y la libertad no requiera aislamiento. Pide una vida donde la responsabilidad no se convierta en castigo, el duelo no se convierta en identidad, la historia no se convierta en jaula y el poder pueda sostenerse sin abandonar la consecuencia. Pide una vida donde las personas puedan volverse más plenamente vivas porque están en una relación más verdadera unas con otras.

Por eso el futuro es una relación.

El futuro es una relación porque la vida no la sostienen solamente los individuos. La sostienen la tierra, la memoria, el parentesco, el trabajo, la gobernanza, la cultura, la tecnología, el espíritu, la ecología y las muchas relaciones visibles e invisibles que hacen posible la vida cotidiana. Cuando esas relaciones se organizan a través de la extracción, la dominación, el desplazamiento y la negación, algunas personas son obligadas a vivir dentro de la ruptura para que otras puedan experimentar coherencia. Cuando esas relaciones se reorganizan a través de la responsabilidad, la reciprocidad, la creatividad, la protección y la verdad, más vida se vuelve posible para tod@s.

Esta es la vida que estamos intentando hacer posible.

Para quienes han sido protegidos por zonas de aislamiento, esta vida pide responsabilidad sin auto-borramiento. Les pide a las personas volverse capaces de ver qué ha hecho posible su coherencia y actuar desde ese conocimiento con valentía, creatividad, humildad y compromiso material. Les pide dejar de confundir culpa con reparación y comodidad con paz.

Para quienes han vivido en las costuras, esta vida pide más que supervivencia. Pide las condiciones para descansar, crear, gobernar, proteger la memoria, construir hogar, amar profundamente, sostener cultura, defender la tierra, estudiar, liderar, reír, hacer duelo y formar el futuro sin ser obligad@s a estar eternamente disponibles para explicarle la ruptura a otr@s.

Para quienes se han movido por corredores de migración, trabajo, aplicación de la fuerza, extracción y desplazamiento, esta vida pide continuidad. Pide el derecho a pertenecer sin ser absorbidos, a recordar sin ser castigad@s, a moverse sin ser criminalizad@s, a trabajar sin ser explotad@s, a construir sin ser borrad@s y a cargar la cultura como una fuerza viva.

Para l@s Terrenales, esta vida significa que lo que se ha cargado a través de la ruptura sea honrado sin reducir la Terrenalidad a la ruptura. El conocimiento Terrenal importa porque fue producido bajo presión, pero la vida Terrenal nunca debe quedar confinada a la presión. L@s Terrenales merecen alegría, belleza, descanso, protección, creatividad, gobernanza, placer, amor, vida intelectual, vida espiritual, vida política y futuro.

Para l@s no Terrenales, esta vida significa volverse lo suficientemente coherentes para vivir plenamente sin desplazar consecuencia. Significa vivir con propósito, belleza, poder, creatividad y alegría de maneras que no requieran extracción, negación, apropiación o aislamiento. Significa volverse más viv@s, no más pequeñ@s; más responsables, no menos expresiv@s; más conectad@s, no más performativ@s.

Para l@s Terrenales, algunos de los cambios que podemos practicar incluyen negarnos a dejar que la ruptura se convierta en la única historia de quienes somos; proteger tiempo para la alegría, la belleza, el descanso, el estudio, la creatividad y la vida espiritual; fortalecer nuestras relaciones con la memoria, la tierra, el parentesco, la cultura y entre nosotr@s; construir formas de gobernanza y protección que no dependan de nuestro agotamiento; y permitir que nuestro conocimiento guíe la coherencia sin volvernos eternamente disponibles para la extracción.

Para l@s no Terrenales, algunos de los cambios que pueden practicar incluyen aprender cómo sus vidas, instituciones y recursos han sido formados por consecuencia desplazada; abandonar la culpa como sustituto de la responsabilidad; negarse a extraer cultura, proximidad, dolor o legitimidad de comunidades Terrenales; redistribuir poder, recursos, atención y protección de maneras materiales; y construir vidas de belleza, propósito, creatividad y alegría que no requieran aislamiento de los costos que crean.

El objetivo no es que algunas personas carguen culpa y otras carguen ruptura. El objetivo es que tod@s aprendamos a cargar la consecuencia de otra manera para que la vida pueda volverse más bella, más creativa, más verdadera y más completa. Esta es la invitación más profunda del Futurismo Poético: crear condiciones donde las personas no tengan que escoger entre responsabilidad y alegría; donde las instituciones puedan defender la dignidad y la posibilidad; donde los movimientos puedan cargar el duelo sin organizarse solamente alrededor de la herida; donde las tecnologías puedan expandir la posibilidad humana sin profundizar la dependencia, la vigilancia o el desplazamiento; donde los sistemas filantrópicos y públicos puedan sostener la vida sin extraer proximidad al sufrimiento; y donde las comunidades puedan sostener memoria, belleza, rendición de cuentas, protección y creatividad juntas.

El futuro no nos está pidiendo volvernos más pequeñ@s.

El futuro nos está pidiendo volvernos lo suficientemente coherentes para vivir plenamente.

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