Sobre lo que nos negamos a nombrar

por sayra pinto

20 mar. 2026


Escribo para volver a un mensaje que envié en los días posteriores al ataque del 7 de octubre en Israel, y para continuar la línea de pensamiento que compartí ayer. En ese mensaje, condené la violación de mujeres judías por parte de Hamas. También señalé que el abuso sexual dentro de los movimientos es inaceptable. Enmarqué esto a través del trabajo de John Mohawk sobre los legados utópicos, que examina cómo los movimientos reproducen daño cuando no logran hacerse cargo de la violencia que llevan dentro.

Aclarando lo que ha sido malinterpretado

También quiero dejar algo claro que ha sido repetidamente malinterpretado. No soy partidaria de Hamas. Al mismo tiempo, creo que las acciones del Estado de Israel son genocidas. Estas no son posiciones contradictorias. Reflejan una orientación consistente: el daño no se vuelve aceptable dependiendo de quién lo comete. Y así como el pueblo judío no puede reducirse a las acciones del Estado israelí, nosotr@s en Estados Unidos no podemos reducirnos a las acciones de nuestro gobierno.

Experiencia vivida y formación

También compartí que esto no es abstracto para mí: que mi padre fue parte del movimiento laboral en Honduras, que violó a mi madre, y que yo soy el embarazo que resultó de eso. Mi nacimiento me situó en una vida marcada por la depredación y la violencia dentro del patriarcado.

Para algun@s, eso fue suficiente para retirarse, distanciarse o rechazar lo que dije por completo. Algun@s incluso fueron más lejos y dijeron que al hacer esa afirmación yo era pro-genocidio. Las consecuencias fueron severas. Fui cancelada en la universidad donde había diseñado y construido un programa de doctorado y rediseñado una maestría, y finalmente dejé ese trabajo. Las consecuencias también fueron intensas para las comunidades conectadas a ese trabajo.

Esta experiencia no fue única de esa institución. He encontrado dinámicas similares a través de la filantropía y dentro de organizaciones de “movimiento”, lo que apunta a un patrón estructural más amplio y no a un evento aislado. Y sin embargo, después de mi salida, miembros de la superclase de creador@s de cambio pudieron ocupar ese lugar, restaurando la continuidad de la forma mientras dejaban sin abordar la ruptura más profunda que estaba debajo.

Formación Terrenal y respuesta del sistema

Lo que estoy nombrando aquí está directamente conectado con lo que describí ayer. Las dinámicas que describo no están separadas de la formación Terrenal—son la forma en que los sistemas responden a ella. La capacidad de nombrar la contradicción, sostener la coherencia bajo presión y negarse a alinearse cuando eso produce fragmentación son parte de lo que l@s Terrenales cargan. Lo que describo aquí es lo que ocurre cuando esas capacidades se encuentran con sistemas que no pueden sostenerlas.

Una línea no negociable

Quiero ser clara. No voy a revisar esa posición. La violencia sexual es inaceptable. No se vuelve aceptable dependiendo de quién la comete, qué causa reclama o qué historia invoca. Si un movimiento no puede sostener esa línea, entonces no está cargando lo que dice que está cargando.

Hablé entonces desde la experiencia vivida. Estoy haciendo lo mismo ahora. Que se me diga que soy pro-genocidio por condenar la violación no es solo inexacto. Es macabro. Significa que alguien cuya vida comienza dentro de un acto de violencia sexual—y que continúa viviendo dentro de condiciones moldeadas por esa violencia—es recodificada como alineada con el daño precisamente por negarse a justificar ese daño en cualquier lugar.

También significa que la experiencia vivida, incluso cuando se nombra directamente, no sostiene—y que las instituciones pueden remover a la persona que nombra la contradicción mientras preservan la apariencia de continuidad mediante sustitución.

Un patrón cultural transversal

Desafortunadamente, la normalización de la objetificación sexual continúa en los movimientos tanto a nivel nacional como internacional. Esto no es incidental. Es una de las formas en que el daño persiste sin ser nombrado, y una de las condiciones que permiten que los movimientos reproduzcan las mismas formas de dominación que dicen oponerse.

Es un patrón cultural más amplio que puede encontrarse a través de sectores—incluyendo instituciones religiosas, gobierno, filantropía y más allá. Las formas pueden variar, pero la dinámica subyacente es la misma: el daño se gestiona, se oculta o se desplaza para preservar la continuidad, la autoridad y la legitimidad.

Lo que estoy nombrando aquí es un ejemplo de conciencia Terrenal: la capacidad de reconocer patrones de daño y continuidad a través de dominios que a menudo se tratan como separados, y de ubicarlos dentro de las historias más largas que los produjeron. No aísla incidentes. Rastrea cómo se mueven, cómo se cargan y cómo se repiten.

Silencio, disenso y control

Este patrón de silencio no se limita a la violencia sexual. Se aplica al disenso en un sentido más amplio. Cuando las voces que introducen contradicción son desestimadas, recodificadas o removidas, lo que se protege no es la integridad sino la coherencia del relato.

Esto apunta a un patrón más preocupante: movimientos e instituciones que no pueden sostener la contradicción interna comienzan a reproducir las mismas formas de control que dicen resistir.

También he escuchado este patrón expresado directamente en respuesta a llamados de rendición de cuentas: “tenemos que mantenernos unid@s, si no la derecha va a ganar.” Cuando impulso la rendición de cuentas, me encuentro con otra pregunta—muchas veces no dicha pero presente: ¿rendición de cuentas para quién, y para qué? Si la rendición de cuentas es condicional, si se aplica selectivamente según la alineación política, entonces no es rendición de cuentas. Es estrategia.

Eficiencia vs. rendición de cuentas

El disenso suele tratarse como una amenaza a la eficiencia del movimiento. Pero lo que se protege en esos momentos no es el trabajo en sí, sino la velocidad y la coherencia de su presentación. Suprimir el disenso puede crear la apariencia de eficiencia en el corto plazo, pero lo hace eliminando las señales que permitirían a un movimiento corregirse y mantenerse responsable a lo largo del tiempo.

Con el tiempo, esta dinámica se acumula. Cuando el disenso se suprime, recodifica o elimina de manera reiterada, los movimientos pierden la capacidad de reconocer la contradicción por completo. Lo que comienza como incomodidad se convierte en incapacidad.

Debilidad de los movimientos y pérdida de capacidad

Así es como los movimientos se alejan de las realidades que dicen representar mientras mantienen la apariencia de coherencia. Esta es una de las principales razones por las que nuestros movimientos son débiles y están fallando. Cuando se pierde la capacidad de reconocer y trabajar con la contradicción, los movimientos pierden su capacidad de corregir el rumbo, de mantenerse responsables ante la realidad y de sostener la integridad en el tiempo.

Formación de liderazgo a través de sectores

Lo que está emergiendo aquí no es solo un problema de movimientos. Es un problema de formación de liderazgo a través de sectores. A través de la filantropía, la academia, el gobierno y las organizaciones sin fines de lucro, se ha formado una clase de líderes para mantener coherencia, alineación y continuidad entre sistemas.

Su legitimidad depende de su capacidad de estabilizar narrativas, traducir complejidad y sostener relaciones institucionales. En este proceso, el disenso se experimenta como disrupción en lugar de información, y la crítica como amenaza en lugar de señal.

Lo que se está revelando

Se está volviendo cada vez más claro que la creación de coherencia es central para este trabajo. Las condiciones que estamos viviendo están poniendo mayores demandas sobre nuestra capacidad de sostener complejidad, mantenernos responsables ante la realidad y sostener continuidad a lo largo del tiempo.

Lo que se está revelando ahora a través del reconocimiento público en torno a César Chávez y Dolores Huerta apunta a una necesidad de transformación cultural profunda—una que va mucho más allá de marcos de cumplimiento o capacitaciones de acoso dentro de recursos humanos.

Apunta a la creación de coherencia como un aspecto clave de la vida organizacional: la capacidad de nombrar el daño, sostener la contradicción y mantener responsabilidad a través del tiempo, no solo dentro de políticas.

Visto de esta manera, estos no son incidentes aislados sino dinámicas culturales y transversales a sectores. Nombrarlas así es, en parte, un intento de traer alivio a quienes han estado cargando consecuencias sin alivio, muchas veces en aislamiento y sin reconocimiento.

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